23 de enero de 2017

CABALLOS DE AGUA

                                         Para Iván y Alicia

Por la mañana Iván grita tu nombre:
¡Nuba!
Tú, corres hacia él
como el caballo de agua
que vuela en sus sueños.
Tu trote, suave como el musgo,
fusiona su mirada limpia, en flor,
y el canto de los pájaros
hasta teñir de púrpura las nubes.
Son las aceras césped de sonrisas,
delirio de entusiasmo
armonía del sol en la inocencia
de Alicia
que ilumina las copas de los árboles,
la piel de los lagartos.


18 de enero de 2017

LA PALABRA ES SILENCIO

                                                   Filomena

Las hojas han llenado las aceras
de enero.
No sé si guardarán con dolor la memoria
de tu tranquilo andar.

Autobús, compañeras de trabajo,
y charla sosegada
que repasa sucesos del ayer.

La muerte
no esperó el declive de tus años
y tú serenamente te marchaste.

A veces, cuando tiembla el corazón
se alejan en bandada como mirlos
oscuros las palabras.

Cuando no hay qué decir
las palabras maduran:
la palabra es silencio.


14 de enero de 2017

CANTAMOS A LA LUZ MIENTRAS PODEMOS

La enfermedad, sin duda, es parásito
oscuro que recorre la piel como
un estremecimiento en niebla y frío.
Sacudida en la sangre que hace el tiempo.

La claridad en las lágrimas de un niño
se llena con ventanas congeladas
por cuchillos de símbolos sombríos.
En un compás de espera entra la nada.

Hacia el invierno va la vida donde
el bosque finiquita todo límite
y fenecen los ciclos de memoria.
Cantamos a la luz mientras podemos.



9 de enero de 2017

CAMPO DEL ÁNGEL

A la memoria oscura de mis dedos torcidos
acude silencioso el tacto de la tierra.

Me deslumbró una luz huidiza, inexistente.
Yo preparé el seno de los álamos blancos
y convoqué al amor en el Campo del Ángel,
delineé la acequia por donde corre el agua
y presentí las huellas que dejaron las águilas
por los cárdenos montes y la vieja llanura.

Hundí, luego, mis manos en las aguas del mar
donde morabas tú. Y corrieron los años.



3 de enero de 2017

DEJÉ DE COMPUTAR EL TIEMPO

Hace años dejé de computar el tiempo.
Sin él no me concibo
pero no me obsesiona.

Me abandonará pronto en su cuneta
como a un juguete
que ya hizo su avío
sin que lloren las horas
ni el antes ni el después,
los números que miden
el movimiento
que registra el reloj.

Prefiero obsesionarme
contigo y el frescor de la mañana
de este enero que pisa las aceras
hermanado con risas de los niños
y ladridos de Nuba.