16 de junio de 2017

UN AGUACATE

Dulce pregón andaluz:
«Vengo e mi meloná
traigo melones mauros
y sandías colorá».
Amor, oye tú el mío.

Un aguacate
Tres peras
Medio limón
Nísperos, chirimoyos y naranjas...
¡Muchas naranjas!
sabor naranja
la suavidad naranja
color naranja
la redondez naranja
olor naranja
la piel naranja.
Cuando te amo
allá en tu mirador
me sabes a naranja.
La carne
la carne
y el cuerpo de naranja.
Un mar
Un viento
Un campo
Un cielo
Cinco planetas

Un redondo universo
de olor
color
sabor
de suavidad
y piel
¡Naranja!

Consérvate bien.


14 de junio de 2017

LOS AÑOS VAN CAVANDO NUESTROS HUECOS

Los años van cavando nuestros huecos
donde enterramos los recuerdos
unas veces desnudos, despojados
de carne, solamente con figuras de un cine
en blanco y negro,
distorsionados siempre
como viejas mentiras en un bar.

De vez en cuando irrumpen en los sueños
como antiguos filósofos para contarte historias
y repensar los tiempos.

Fantasmas de aire y sombra, cerraduras
abiertas por el roce de unos ojos,
escobas que los ruedos barren lejos
acechando el regreso del ayer,
laminas de cristal y cuadros del silencio.

No son fotografías, sólo ruidos
que quiebran el presente con sus  ecos
de antaño y abandonan en la lengua
los naufragios que fueron
y su coste de playas en caras conocidas.

Los jueces también mandan exhumar
los cuerpos para ver si es posible explorar
lo que nunca ha existido.

Yo no juzgo a las sombras.
Instante a instante vivo.


12 de junio de 2017

NO DANZAN LAS ESTATUAS

No danzan las estatuas,
pero sí las creencias de aquellos que las miran.

Oleaje de tumbas las orillas
de piedra cincelada
que esconden los misterios del tiempo y del vivir.
Bajo los puentes corre obscena el agua
que se ajena en los nombres.
No mires a unos ojos que no ven
y apagaron en mármol su conciencia.

Contempla como huésped
su soledad,
antes de que te lleguen los olvidos.


7 de junio de 2017

LA VERDAD


                                                        Y la verdad
               hacia mí se abalanza y me atropella
                                                  Jorge Guillén


Como Descartes
deseé desde niño una verdad
que seguridad diera
en mi vida. Busqué
por los pupitres viejos, repintados,
carcomidos, y quise
como Heidegger
atravesar la puerta de la casa
del ser, aquella donde mora el hombre
y vigilan poetas.

A la historia pregunté
y a la naturaleza y no queriendo
ser boca para extraños
al Dios del que me hablaban
y, luego, me contaron que había muerto
tal vez de enfermedad
depresión del no ser
al saberse excusado
para el funcionamiento
del mundo.

Yo comprendo a D. Jorge cuando dice:
“Respiro instante a instante…
Vivir ya es algo”.
Pero cuando me cuenta
que hasta él la verdad se le abalanza
le miro con los ojos sin bastón
del hombre rojo
del rígido semáforo
medroso de cruzar al otro lado
cualquier mañana triste de un despiadado invierno.